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En Clave Social

Entrevista

"Los trabajadores y trabajadoras sociales tenemos más poder de lo que nos creemos"

El presidente del Colegio de Trabajo Social de Valladolid y Segovia, Víctor Samuel Martínez, no se presentará a las próximas elecciones tras 13 años en el cargo

Víctor Martínez junto a parte de su equipo y personal del colegio en la exposición de Mary E. Richmond
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Piluca Burgos

Desde el primer día que Víctor Samuel Martínez se metió en el “voluntariado” del Colegio de Trabajo Social de Valladolid y Segovia hasta hoy, han pasado 13 años. Más de una década al servicio de la institución que le ha dejado varias lecciones de vida, una de ellas es que lo más importante para estar al frente de cualquier organismo es “formar un buen equipo”. De hecho, afirma con sarcasmo que echará mucho más de menos a las personas que a la gestión.

Otra de las cosas que asegura haber aprendido es que el colectivo de profesionales del trabajo social tiene poder, “mucho más poder del que se creen los propios profesionales”. Y ese poder __asevera__ sería mayor si todos los colegios de la Comunidad remasen en el mismo sentido, en el sentido que desde hace años anhela Martínez: la creación de un Colegio de Trabajo Social de Castilla y León.

Aunque se siente orgulloso de que durante su presidencia el colegio siempre ha incrementado el número de personas colegiadas, recrimina a sus colegas la falta de “motivación” para llevar los proyectos a cabo. “Nos movemos poco”, confiesa.

P.- ¿Qué ha aprendido en estos años como presidente?

R.- Sobre todo a no llevarme malos ratos, porque al principio me los llevaba. Con la primera junta surgieron discrepancias y he aprendido a no tomármelo personalmente. Sentirte a gusto es una fuente de motivación y satisfacción personal para luchar por nuevos objetivos. Lo contrario, los malos ratos, generan apatía y abandono. También he aprendido que si formas un buen equipo todo sale. Y he tenido un gran equipo.

 

P.- ¿Al final echará más de menos a la gente que a la gestión?

R.- Pues seguramente sí (se ríe). Aunque tenemos un problema con la gestión, que no hay relevo.

 

P.- ¿Se imaginaba que ejercer como presidente del colegio iba a ser como ha sido? ¿En qué le ha sorprendido?

R.- Pues me han sorprendido varias cosas. Una negativa: la poca motivación. Hemos oído hablar tanto de participación, de movilización que corremos el riesgo de pensar que esa lección ya la hemos superado. En cambio, hacemos muy poco por nuestro colectivo. Echando mano del refrán diría que en casa del herrero…

Y en cuanto a positivo, me he dado cuenta de que tenemos más poder del que creemos. Tanto individualmente con nuestro hacer técnico, como colectivamente agrupados en los colegios profesionales.

 

P.- ¿Y lo utilizan?

R.- No, no lo utilizamos. Y eso que siempre que hemos enviado un informe o un escrito firmado por el colectivo, hemos obtenido respuesta; para bien o para mal, pero siempre se nos tiene en cuenta. Y en lo personal pasa lo mismo, a modo de ejemplo un informe emitido por un trabajador social a un juzgado nunca cae en saco roto. Los trabajadores y trabajadoras sociales tenemos más poder de lo que creemos.

 

P.- ¿Ese poder como colectivo se refleja en las acciones del colegio?

R.-  El colegio no tiene límites, es una gran plataforma, pero para llevar a cabo las cosas se requieren manos y no aparecen. Trabajo, familia, ocio… La dedicación al colegio supone una renuncia en nuestra vida personal y sobre todo de la familia. No obstante, cada persona debería aportar su granito de arena desinteresado a la sociedad. Mi aportación en estos años ha sido estar en el colegio profesional.

 

P.- Le gustaría que hubiese mayor implicación…

R.- Sí, desde luego que sí. Las cosas hay que hacerlas entre todas las personas. Desde aquí hago un llamamiento a que se sumen a nuestro colegio de forma activa.

 

P.- A pesar de haber estado en el cargo desde 2006, ¿le han quedado cosas por hacer?

R.- La que más me fastidia es que no tengamos un colegio autonómico, algo que tiene mucho que ver con la idiosincrasia de esta Comunidad. Tendríamos más fuerza juntos, pasaríamos de ser 600 de Valladolid y Segovia a 2.000 en Castilla y León. Y de verdad que no me importaría donde estuviese la sede ubicada: en Zamora, en Burgos… Eso es lo de menos.

 

P.- Lo que llevaría implícito un ahorro de costes…

R.- En todo, en sedes, en electricidad… Y si sumásemos los medios personales para trabajar de manera conjunta en la misma dirección, los resultados serían mejores seguro. Pero dudo que alguna vez se cree el colegio autonómico, aunque el paso de unirnos con Segovia ha sido importante.

 

P.- ¿Y de qué cuestiones está más orgulloso?

R.- La sede del colegio es una de ellas, pero de la que más satisfecho estoy es de que desde que entré siempre hemos crecido en número de personas colegiadas. Y de la manera de gestionar el colegio, que no  puede ser otra que la de gestionar el presupuesto de la institución del mismo modo que gestionarías el tuyo propio.

 

 P.- ¿Un consejo para el relevo?

R.- Hacer un buen equipo, simplemente.

 

 P.- ¿Qué relaciones le ha dado el Colegio que se lleva en la cartera?

R.- Las personas de la junta son estupendas y Pilar también, nuestra ventanilla única. Muchas personas colegiadas me saludan y hacen que me sienta valorado por estar en el colegio. La relación con la Gerencia de Servicios Sociales y con la Universidad de Valladolid ha sido muy buena, es más, la Facultad de Educación y Trabajo Social se ha convertido en la segunda sede del colegio. Y, por supuesto, a personas colegiadas con mayúsculas que han aceptado representar al colegio en distintos grupos y comisiones locales, regionales, nacionales… A todas muchas gracias.

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