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En Clave Social

Entrevista

"No nos olvidemos de los que ya están entre nosotros, porque necesitan nuestro apoyo"

La trabajadora social y coordinadora de Accem Valladolid, Irene Sánchez, analiza la situación de la inmigración y de los refugiados en la ciudad

La trabajadora social y coordinadora de Accem Valladolid, Irene Sánchez.
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Pablo de la Rosa

Al entrar en la sede que Accem tiene en Valladolid (la ONG especializada en la atención a personas refugiadas, inmigrantes y en situación irregular), te das cuenta de inmediato que allí hay mucha vida, muchas vidas, de muchos tipos y colores, y mucho trabajo para intentar devolver la esperanza a gente que ha estado muy desesperada.

En su despacho nos recibe Irene Sánchez, trabajadora social de Accem desde que esta entidad llegó a la ciudad en el año 2006. Desde hace cuatro años es la responsable de coordinar la actividad que esta ONG desarrolla en Valladolid con más de 30 profesionales y otros tantos voluntarios. Su equipo está formado fundamentalmente por trabajadoras sociales y otros perfiles profesionales: mediadores interculturales, psicólogos, abogados, técnicos de empleo, integradores sociales, administrativos, entre otros. Un equipo que atiende a más de 800 personas al año a través de diferentes programas: inclusión social, atención y mediación intercultural, atención humanitaria a inmigrantes, acogida para personas refugiadas…

Irene no disimula su pasión por el Trabajo Social: “La columna vertebral de los programas que desarrollamos la conforman las trabajadoras sociales. Las trabajadoras sociales realizan la atención directa, son las que informan de los recursos, las que acompañan a las personas hasta convertirse en sus referentes”.  Considera que las trabajadoras sociales en general, y las que trabajan en Accem en particular, son profesionales “muy competentes” en todo lo que tiene que ver con la atención a personas inmigrantes, “más allá de los asuntos burocráticos-administrativos relacionados con la historia social y el informe social”. Irene explica con detalle cómo las trabajadoras sociales resultan ser profesionales “muy efectivas” para llevar a cabo la parte social, integradora, educativa, de acompañamiento o de mediación de los programas que desarrolla esta entidad.

Los idiomas, una asignatura pendiente

Aprovecha para reivindicar el Trabajo Social más allá de las administraciones públicas. “Durante muchos años, los que hemos estudiado Trabajo Social pensábamos que solo podríamos trabajar en CEAS, pero hay mucho Trabajo Social más allá de las administraciones públicas. En las entidades privadas, en las asociaciones, en las empresas… Y hay que defenderlo”, asegura, y añade: “También hay que currárselo y no abandonar las competencias en materia de idiomas. En Accem todos los que trabajamos aquí sabemos inglés y algunos, además, francés. Esto es básico y la universidad y los propios estudiantes tienen que ponerse a ello”.

Irene nos comenta que Valladolid cuenta con una red de entidades “muy potentes” que atienden a estos colectivos. Accem Valladolid trabaja de manera coordinada con esas otras entidades del tercer sector y con las distintas administraciones implicadas en estos temas. Orgullosa, no duda en calificar como “excelente” la coordinación entre los distintos agentes. Explica que esta buena relación se debe a que todas las organizaciones comprometidas “se creen de verdad lo de trabajar en red, pese a las dificultades que ello supone”. “Es más fácil trabajar cada uno a su manera, pero no resulta igual de efectivo”, advierte. Para lograr esta buena coordinación todas las entidades que trabajan con inmigrantes en Valladolid celebran reuniones periódicas en distintas comisiones de trabajo: recursos y alojamiento, empleo y formación o atención jurídica.

Accem es una asociación sin ánimo de lucro que proporciona atención y acogida a población migrante y refugiada y personas en exclusión social. Desde que vino a Valladolid no han dejado de trabajar con población migrante, con personas en exclusión social y con solicitantes de protección internacional. Desde 2015 desarrollan el programa completo de acogida a personas refugiadas. Un programa que gestiona el Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social con la colaboración de Cruz Roja, CEAR y Accem, entre otras entidades.

Desde que Accem llegó a Valladolid ayuda a los refugiados, atendiéndolos en los procesos básicos: enseñar español y acompañarlos en las gestiones administrativas que “les permita conseguir los papeles” para regularizar la residencia en España a ellos y a sus familias. Irene nos revela que “Valladolid no ha sido nunca receptora de un número importante de personas inmigrantes”. “A comienzos del siglo XXI, como en el resto de España, la llegada de personas de otros países se hizo más significativa, especialmente en el ámbito del servicio doméstico, la construcción y las tareas agrícolas, aunque nunca con las cifras de otras grandes ciudades y provincias españolas. A partir de 2008, la llegada de personas migrantes se fue reduciendo, incluso muchos se volvieron a su país”, contextualiza Irene.

A diferencia de lo que ocurre en otras ciudades, la visibilidad de la población migrante en Valladolid es “muy escasa”. “En el centro no es fácil verlos. Están concentrados en tres barrios: Rondilla, Pajarillos y Delicias. En general, sin problemas de integración relevantes, salvo en Delicias, que se empiezan a percibir signos que alertan de problemas graves de inclusión”, explica.

El obstáculo de la vivienda

Nos cuenta Irene que la población migrante que llega a nuestra ciudad “aprecia mucho la calidad de vida y seguridad de sus calles”, pero que en seguida comprueban cómo el acceso a la vivienda les resulta muy dificultoso, convirtiéndose en un gran obstáculo para su integración y normalización.

“La dificultad no está en el precio__ advierte Irene__ hay gente que trabaja, que tiene un sueldo, pero que no es capaz de conseguir que le alquilen una vivienda porque es inmigrante, gitano o refugiado”. “A nosotros mismos, a Accem, aun siendo unos pagadores excelentes, nos cuesta que nos alquilen viviendas destinadas a estos colectivos”, confiesa, y concluye: “Los propietarios de pisos en Valladolid no quieren alquilar pisos a estas personas porque son distintos. Y a eso se llama discriminación”.

A Irene le cambia el gesto cuando se refiere al clima de animadversión y rechazo a los refugiados que se viene observando en muchas personas y especialmente en algunos gobiernos europeos. Explica, con el detalle de quien se enfrenta a ello todos los días, cómo el derecho al asilo y al refugio son derechos humanos básicos que “no deberían ser cuestionados, como no se cuestionan otros derechos humanos”. Irene nos recuerda con tristeza y preocupación que muchos de nuestros abuelos y bisabuelos encontraron refugio en Europa y América cuando lo necesitaron. Desde Accem se pide de todas las maneras posibles que no se externalicen las fronteras, que el refugio se enfoque como un asunto de humanidad y de legalidad. Irene insiste en que “el derecho internacional también es un derecho que obliga a las personas y, especialmente, a las autoridades y gobiernos”.

Para cerrar la entrevista, Irene acaba haciéndonos una petición: “No nos olvidemos de los que ya están entre nosotros. Necesitan nuestro apoyo”.

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